ME SIENTO LIBRE
Barnabas
Aun ha quedado grabada en mi retina la magnificencia de aquella histórica construcción que da vida propia a Londres. Me estoy refiriendo al teatro Royal Albert Hall donde tantos grandes del rock se presentaron a lo largo de su historia. Lo pude ver por vez primera desde la azotea de mi hotel cuando hace dos años viajé hasta Londres. Lo curioso es que, siendo yo gran fanático del rock, viajé sin siquiera averiguarme si algún grupo que valiera la pena ver tocaría en aquellas fechas en el histórico teatro. Había estado pensando más en el reciente rompimiento con mi novia y buscando precisamente que liberarme de sus recuerdos es que decido viajar a Londres en aquellos primeros días de Mayo del 2005. Una vez en la ciudad me disponía a visitar la mayor cantidad de lugares posibles y mantener así ocupada mi mente, lejos de España. En una de esas jornadas es que aparezco en un restaurante donde, rendido, apuraba una exquisita merienda. Estaba tan concentrado en mi cena que no reparé en el programa que estaban pasando por el televisor del local, cuando de repente escucho unas hermosas melodías y la voz se me hizo conocida, había bullicio y comentarios, algunas bocinas de los autos de la calle se filtraban y no me dejaban terminar de adivinar de qué artista se trataba. Tarde varios segundos en reconocer la canción, cosa infrecuente en mí. Se trataba de la inconfundible voz de Eric Clapton y algo decía el reportero del programa sobre su actuación en el Royal Albert Hall de esa noche. No presté mucha atención puesto que ya había visto a Eric Clapton cerca de diez veces en vivo y mi hambre era mucha, así que retorné a lo mío. De pronto luego de aquel bocado reparé en que la canción que sonaba en la televisión no pertenecía a la etapa solista de Clapton, sino a los años sesenta en que militaba en los legendarios Cream. ¿Será que…? No puede ser me dije, pero el instinto me hizo levantar la cabeza y prestar atención a lo que la televisión anunciaba y entonces lo vi, su figura era inconfundible, me paré de mi asiento como un resorte y me acerqué cuanto pude al televisor. Lo comprobé, tras la batería estaba el mítico Ginger Baker con su clásico cigarrillo colgando de la boca mientras tocaba. Pregunté a quine tenía a lado, un perfecto desconocido, pero quien tuvo a bien informarme que Cream se había vuelto a reunir y en estos días se estaba presentando en el Royal Albert Hall. Casi me da un infarto ahí mismo, en qué estaba pensando yo, como no me enteré. Pagué la cuenta, entregué 10 euros de más creo, y salí disparado rumbo al Royal Albert Hall.
Me subí como un loco al primer taxi que vi aparcado y le ordené al chofer que me llevara al Royal Albert Hall, al tiempo que le indicaba que me informara si es que sabía algo al respecto. El chofer me tomó por un ignorante ya que según él todo el mundo sabía de esa esperada reunión y presentaciones de los legendarios Cream. Yo por mi parte estaba avergonzado, uno de los mejores grupos de la historia y yo ni enterado que se presentaban en la misma ciudad en donde se habían despedido hacía 35 años y donde yo estaba en esos momentos para olvidar a mi antigua novia. El destino casi se burla de mí. Llegué pero como era de esperarse, las localidades estaban agotadas, pero no me rendí y, después de pasar muchas vergüenzas, pude encontrar un revendedor. Pagué casi 300 euros por una de las mejores localidades pero lo conseguí. La hora que me faltaba para la presentación s eme pasó volando.
Las luces azules del bellísimo teatro me recibieron, veía como bañaban el escenario en el que de pronto aparecieron las tres históricas leyendas y por las que no escatimé en pagar. Ahí mismo Jack Bruce, el líder y bajista empezó a atacar su instrumento con los acordes de I’m so glad transportándonos hasta los mágicos sesentas. Luego escuché los clásicos Strange Brew y Politician pero el tema que me dejó total y absolutamente congelado fue Deserted Cities Of The Heart con sus acordes épicos y los músicos teñidos de azul por las luces del Albert Hall. La presentación terminó después de más de dos horas con la clásica Sunshine Of Your Love. Fue una de las mejores noches de mi vida, olvidé a mi antigua novia por completo y vi resucitar un grupo que jamás llegué a pensar que iba a ver tocar en directo y los Cream me dedicaron una canción sin saberlo, I Feel Free.
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