ENEMIGO MIO
Barnabas
Recuerdo que hace algunos años logré juntar un dinero para emplearlo en un viaje de vacaciones. Mi intención era ver esos dÃas de neblina baja en Londres. TenÃa ventajas. Estaba cerca de mi lugar de residencia, por tanto llegarÃa rápido y gastarÃa poco. ConocÃa algunas personas en esa ciudad por intermedio de los foros de Internet y tendrÃa oportunidad de darme un salto por ciudades históricas para mÃ, como lo es Newcastle, de donde proviene ese legendario grupo de la primera mitad de la década del sesenta llamada The Animals, ese en verdad era uno de mis sueños, pasearme por esos pequeños clubes que albergaron a los grupos de Rhythm and Blues que años más tarde se convertirÃan en los pilares y paradigmas de todo un movimiento cultural a nivel mundial. Estoy seguro que en el ambiente de aquellas ciudades aun podrÃa respirar los vientos de ese movimiento y asà quitarme la espina de no haber podido estar en esas coordenadas espacio-temporales en el momento indicado. Estuve averiguando y por esos lugares ha surgido todo un movimiento de jóvenes que han redescubierto las raÃces musicales de Inglaterra y se han formado una mirÃada de conjuntos que están lanzados a la práctica del llamado rock de garaje. Armados con guitarras, bajos y baterÃas descargan toda su energÃa en la práctica de ese género logrando concitar la atención de las generaciones actuales que buscan a su vez una identidad musical. El viaje debÃa realizarlo en invierno por cuestiones de estudios, me encontraba en instancias finales de mi carrera y necesitaba una fuente de oxÃgeno para atacar el último codo y entrar fresco a la recta final de mis estudios. Pero a veces los planes del destino son distintos a los de uno y, a pocos dÃas de comprar el boleto que me llevarÃa de viaje al Reino Unido, una compañera de aulas que habÃa partido a Sudamérica a la mitad de su carrera, me comunicó vÃa correo electrónico que la estaba pasando muy bien en
la Argentina y deslizó la posibilidad de que yo pudiera viajar hasta allá a darle el encuentro durante mis vacaciones. Me mostré indeciso en esos instantes, mi horizonte era
la Inglaterra de Los Animals, qué cosa podrÃa superar el instinto periodÃstico y aventurero que tiraba de mà hacia esas coordenadas en busca de información. Y conociendo mi punto débil, mi amiga Georgina me informó que por esas fechas se presentaba B.B. King en Buenos Aires. Quedé mudo. Se trataba de uno de los maestros de color que habÃan introducido el blues en Inglaterra a través de figuras como los propios Animals o Eric Clapton en sus distintas agrupaciones. Eran los albores del movimiento sobre el que querÃa indagar.
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           Y di mi brazo a torcer. No tuve más remedio que bombardear a Georgina con una serie de preguntas acerca de los otros carteles que me esperaban y sin compasión me anunció que habÃa oÃdo que también se presentarÃa el cuarteto americano Kiss. Fue suficiente. Al dÃa siguiente estaba comprando los boletos para viajar un poco más lejos de lo que habÃa planeado en un principio. Por otra parte me entusiasmaba la idea de viajar al hemisferio sur, ya que llegarÃa en pleno verano y tenÃa informes detallados de la belleza de la mujer argentina, definitivamente iban a ser dÃas de playa y noches de concierto, calculé unas dos semanas de diversión a diferencia de los treinta dÃas que tenÃa planeado pasar entre Newcastle y otras ciudades británicas porque el presupuesto debió estirarse. No es igual gastar en un pequeño club a ir dÃa tras dÃa a conciertos; no es que me queje pero realmente se gasta dinero en los conciertos si es que uno quiere gozar de una ubicación privilegiada y no conformarse con una pantalla gigante. Y llegó el dÃa de mi partida. Cargaba con dos maletas medianas, me pareció suficiente para dos semanas, si faltaba allá podrÃa conseguir lo indispensable, en ese entonces llevé un reproductor de discos compactos portátiles que me acompañarÃa durante todo el viaje con buena música. Por desquite lleve varios discos de los Animals a manera de excusas por no presentarme en su ciudad natal personalmente. En esos momentos no imaginé que mi fiel reproductor de discos compactos pasarÃa a convertirse en enemigo mÃo.
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